Santiago 5:12 - Integridad y honestidad en nuestras palabras
Introducción
Amados hermanos, que Dios les bendiga esta mañana. Les invito abrir sus Biblias a la carta de Santiago. Como hemos visto, Santiago es una carta sumamente práctica. Santiago (el medio hermano de Jesús) escribió esta carta a una comunidad de cristianos de ascendencia judía quienes habían sido esparcidos fuera de Jerusalén debido a una persecución. Y después de meses de estudio, hemos establecido la idea central de la carta de Santiago en su totalidad. Esta idea central es: Santiago manda a los cristianos perseguidos a poner su fe en práctica mientras esperan su vindicación trás la venida del Señor. Nuevamente, Santiago manda a los cristianos perseguidos a poner su fe en práctica mientras esperan su vindicación trás la venida del Señor. Esta mañana estaremos estudiando Santiago capítulo cinco y el versículo doce.
Texto
Pero sobre todo, hermanos míos, no juréis, ni por el cielo, ni por la tierra, ni por ningún otro juramento; sino que vuestro sí sea sí, y vuestro no sea no, para que no caigáis en condenación. - Santiago 5:12
Oración
Ilustración
Cuando era un alumno en el colegio, yo no era muy hábil en matemáticas ni en ciencias. Necesitaba esforzarme para poder sacar una calificación promedia. Es por eso que tengo tanto respeto por los médicos y los ingenieros. Así que esta ilustración que yo encontré realmente me impactó, puesto que todo lo que tiene que ver con las matemáticas me asusta. Había en una universidad prominente en los Estados Unidos un profesor de matemáticas llamado el Dr. Madison Sarratt. Él era una eminencia en su campo de estudio, y nadie podía poner en tela de duda su capacidad intelectual ni tampoco los estándares altos que tenía para sus alumnos. Sin embargo, había algo que importaba a Sarratt más que el mero conocimiento de matemáticas: la honestidad. Antes de repartir un examen en matemáticas, él decía a sus alumnos: “Hoy les daré dos exámenes - un examen de trigonometría y un examen de honestidad. Espero que aprueben ambos. Hay muchas buenas personas en el mundo que no pueden aprobar la trigonometría y hay muchas personas miserables en el mundo que no pueden aprobar la prueba de la honestidad”. Yo no sé si este profesor era cristiano o no, pero él era alguien que se preocupaba por la virtud de honestidad en las vidas de sus alumnos.
Transición
El versículo doce del capítulo cinco de Santiago es uno que enfatiza la virtud de la honestidad en las vidas de los cristianos. No honestidad por honestidad, sino honestidad como un reflejo de un Dios que no miente y es fiel a sus promesas. Pero antes de la exposición quisiera darles el contexto de este versículo. El versículo doce en el capítulo cinco forma parte de un argumento que Santiago está articulando a su audiencia de cristianos de ascendencia judía padeciendo las consecuencias de persecución.
Contexto
A partir del comienzo del capítulo cinco, es evidente que algunos de los primeros lectores de Santiago están experimentado injusticia a manos de ciertos ricos impíos. Santiago describe el comportamiento de estos ricos impíos en los versículos cuatro hasta seis: no pagan un sueldo justo a sus empleados, viven en deleites sobre la tierra, han sido disolutos, engordan sus corazones como en día de matanza y condenan y dan muerte al justo. Sin embargo, Santiago dice claramente que el fin de ellos es juicio de parte de Dios. Por consiguiente, los cristianos sufriendo injusticia a sus manos necesitan tener paciencia hasta la venida del Señor y afirmar sus corazones. Porque cuando el Señor venga en juicio contra los impíos, los suyos serán vindicados. Así que Santiago llama a su audiencia a la paciencia y la perseverancia, a no quejarse los unos contra otros y tomar el ejemplo de aflicción y paciencia a los profetas que hablaron en el nombre del Señor. Ellos deberían hacer estas cosas sabiendo que su vindicación se acerca tras la venida del Señor. Este es el contexto inmediato del versículo doce.
También yo debería mencionar que hay un énfasis en la carta en el uso correcto de la lengua. Este énfasis se ve a partir del capítulo tres. Santiago nos dice que la lengua es un miembro pequeño que se jacta de grandes cosas, que es un fuego, un mundo de maldad (3:5-6). Santiago nos dice que de una misma boca proceden bendición y maldición (3:10). Santiago nos dice que no deberíamos murmurarnos los unos de los otros (4:11). También, la lengua se puede usar para fines deshonestos. Así que este es el contexto más amplio del versículo doce.
Texto
Pero sobre todo, hermanos míos, no juréis, ni por el cielo, ni por la tierra, ni por ningún otro juramento; sino que vuestro sí sea sí, y vuestro no sea no, para que no caigáis en condenación. - Santiago 5:12
Estructura
Santiago empieza el versículo doce con la palabra conectora “pero”. Antes de este versículo, Santiago había estado dando varios mandamientos a sus hermanos en la fe. La mayoría de ellos ya mencioné. Afirmar sus corazones. Tener paciencia. No quejarse. Indicando un contraste final para terminar su línea de pensamiento, él escribe “Pero sobre todo, hermanos míos…”(5:12a). Santiago tiene algo importante para decir a su audiencia. “Pero sobre todo, hermanos míos…”(5:12a).
Como es de esperar en esta carta sumamente práctica, Santiago tiene un imperativo para su audiencia. Después, Santiago dará la razón por haber dado el imperativo. Así que tenemos un imperativo, y la razón del imperativo. El imperativo es: “no juréis, ni por el cielo, ni por la tierra, ni por ningún otro juramento; sino que vuestro sí sea sí, y vuestro no sea no”. En la superficie, parece que Santiago está prohibiendo el mero uso de los juramentos. Después de todo, él claramente dice: “no juréis, ni por el cielo, ni por la tierra, ni por ningún otro juramento”. Dado que un juramento nos toca dar en la vida cotidiana de vez en cuando (en una corte, servicio militar) es importante que entendamos que exactamente está prohibiendo Santiago.
En la época en la que escribió Santiago, los juramentos eran muy comunes. En la mentalidad judía, había dos tipos de juramentos: un juramento en el que se usaba el nombre de Dios y un juramento que no se usaba el nombre de Dios. Los juramentos que no nombraban a Dios no eran vinculantes, pero los juramentos que sí nombraban a Dios eran vinculantes. Así que, muchas personas adquirían la habilidad de solo hacer juramentos que no eran vinculantes. Es decir, solo prestaban los juramentos que no nombraron a Dios. La mentalidad era que “si Dios no estuvo presente en el juramento, entonces no estoy obligado a guardar mi palabra”. Por lo tanto, muchas personas prestaban juramentos pero no los cumplían. El resultado fue que los juramentos perdían su importancia y gravedad.
Además, es importante que ubiquemos el versículo doce en contexto. Vimos que algunos de los cristianos a los que Santiago está escribiendo están en condiciones de pobreza debido a la injusticia de sus jefes ricos impíos. Con esto en mente, un comentarista dice lo siguiente: “quizás los cristianos pobres fueron tentados a prestar juramentos para defenderse de los acreedores o para conseguir crédito para comida y otras necesidades, sabiendo todo el tiempo que un pago puntual a la deuda sería posible solo con un milagro”. A mi me gusta como resumen los comentaristas bíblicos Craig Blomberg y Mariam Kamell: “los juramentos pueden obligarnos a involucrarnos en comportamiento que no agrada a Dios”. Sea la deshonestidad, o sea la tentación de pecar para cumplir un juramento irresponsable.
Entonces, Santiago no está prohibiendo los juramentos como tal, sino todo lo que conlleva el abuso de los juramentos y una actitud de deshonestidad. El asunto es que Santiago quiere que su audiencia tenga honestidad e integridad con sus palabras. Esto incluye a nosotros también. Deberíamos tener honestidad e integridad con nuestras palabras. Si necesitamos hacer un juramento para garantizar a alguien que estamos hablando la verdad, entonces pondría en tela de duda que siempre hablamos la verdad en otras ocasiones. Tal y como el Señor Jesús dijo en el Sermón del Monte, que nuestro “si” sea “si” y nuestro “no” sea “no”. El Espíritu Santo inspiró a Santiago a recalcar que los seguidores de Jesucristo deberían ser honestos e íntegros en el uso de sus palabras. Esta es la fuerza del imperativo en Santiago capítulo cinco y versículo doce.
Ilustración
Como he mencionado antes, en mis primeros años en Ecuador trabajaba en un campamento para capacitar a pastores y líderes. El campamento está ubicado en Lasso, aproximadamente a veintitrés kilómetros de la ciudad de Latacunga. Puesto que el campamento queda a una distancia de la ciudad, cuando una tubería rompía o había cualquier otro inconveniente parecido, teníamos que llamar a un maestro en Latacunga para ayudarnos. Afortunadamente yo no estaba a cargo del mantenimiento de la propiedad, pero mi amigo Justin sí lo era. Me acuerdo tantas veces que él llamaba a un maestro en particular para venir y ayudarnos cuando teníamos un inconveniente, y siempre fue la misma historia. “Si señor Justin, voy sin problema. Yo les ayudaré. Estaré mañana a las once de la mañana”. ¿Qué es lo que piensan ustedes que pasaba? Él jamás llegaba a tiempo. A veces unas horas después, a veces un día después. Este maestro sacaba el quicio de Justin. Justin siempre me decía: “¿Dónde está este señor? Qué falta de respeto. Si él fuera mi empleado, yo le hubiera botado hace rato”.
Conexión
Amados hermanos, lamentablemente este maestro en particular no estaba siendo honesto con sus palabras. Él estaba ejemplificando lo opuesto de lo que Santiago está mandando en el versículo doce. Ahora, es importante también mencionar que hay casos en los que por razones de fuerza mayor no podemos cumplir rígidamente nuestra palabra en cada instancia. Para ser justo con el maestro en cuestión, puede ser que él tuviera unas emergencias familiares o algunos obstáculos insuperables que impidieron que él cumpliera su palabra a Justin. Deberíamos incluir esta nota balance y no faltar una postura de misericordia. Tampoco quiero dar la impresión que todos los maestros son irresponsables.
Pero lo que Santiago está mandando a sus lectores es que ellos sean personas íntegras y honestas con sus palabras como un estilo de vida. Y cuando veo a mi propia vida y a mi alrededor, creo que este mandato de Santiago para nosotros es muy vigente. ¿Por qué? Porque en algunas instancias no he cumplido mi palabra cuando no tenía ninguna excusa. Me imagino que ustedes hayan hecho lo mismo también en una ocasión u otra. Amados hermanos, necesitamos dejar que la Palabra de Dios cambie nuestro marco de referencia en cuanto a la deshonestidad como un pecado aceptable bajo ciertas circunstancias. La audiencia de Santiago y nosotros deberíamos ser personas conocidas por honestidad e integridad con el uso de la lengua.
Volver a la Exposición
Hemos visto la naturaleza del imperativo. El imperativo es que los discípulos de Jesucristo deberían ser personas honestas e íntegras en cuanto al uso de sus palabras. Ahora vamos a ver la razón del imperativo: “para que no caigáis en condenación”. Es importante que recordemos que para los que están en Cristo, no hay condenación (Ro 8:1). La condenación en vista en Romanos capítulo ocho y versículo uno es una de castigo eterno bajo la ira de Dios. Para los que están en Cristo, gracias a Dios que no hay condenación en este sentido. Una persona verdaderamente en Cristo no puede perder su salvación y las bendiciones correspondientes. Juan 6:37 tiene estas hermosas palabras de nuestro Señor Jesucristo: “Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera”. Comentando sobre este versículo, el pastor y autor Dane Ortlund dice: “La obra expiatoria del Hijo, decretada por el Padre y aplicada por el Espíritu, nos asegura que estamos seguros eternamente. Pero un texto como Juan 6:37 nos alienta que esto no es solamente un asunto de decreto divino sino también de deseo divino. Este es el deleite del cielo. Ven a mí, dice Cristo. Yo te abrazaré en mi ser más profundo y jamás te echaré fuera”. ¡Qué noticias tan gloriosas!
Sin embargo, esto no quiere decir que no haya consecuencias por desobediencia a Dios. Una de estas consecuencias es la disciplina correctiva de Dios. Además, la Biblia enseña que nosotros los cristianos tendremos que rendir cuentas delante de Dios. Escuchemos estas palabras del Apóstol Pablo en 2 Corintios 5:10. “Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo”. Este tribunal no tiene como propósito determinar nuestro destino eterno, sino para otorgar recompensas de manera no especificada a cristianos en base de su fidelidad y obediencia en vida. Santiago quiere que sus lectores se presenten delante de Cristo en aquel día habiendo sido personas íntegras y honestas con sus palabras. Esta es la razón del imperativo.
Idea Central e Intención Transformadora
Santiago insta a su audiencia a ser personas íntegras en cuanto a sus palabras ante la faz de Cristo para que se presenten con confianza ante Él. Nuevamente, Santiago insta a su audiencia a ser personas íntegras en cuanto a sus palabras ante la faz de Cristo para que se presenten con confianza ante Él.
Teología Bíblica
En 2 Corintios 1:19-20, el Apóstol Pablo dice: “Porque el Hijo de Dios, Jesucristo, que entre vosotros ha sido predicado por nosotros, por mí, Silvano y Timoteo, no ha sido Sí y No; mas ha sido Sí en él; porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios”. En contexto, Pablo está defendiendo su ministerio apostólico contra ciertas personas que habían puesto en tela de duda la confiabilidad de Pablo. Aquí, Pablo está diciendo que Dios, quien no miente, hizo muchas promesas en el Antiguo Testamento en cuanto a la salvación de su pueblo del pecado. No solamente esto, sino también que todas estas promesas hallan su cumplimiento en Jesucristo. Aquí están algunos ejemplos de los que Pablo tenía en mente.
Primero, Génesis 3:15. El texto dice: “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar” (Gen. 3:15). Después de que Adán comió del fruto prohibido e introdujo la muerte en la creación, Dios hizo una promesa que una simiente de la mujer iba a aplastar la cabeza de la serpiente (Satanás). Así, el pecado y la muerte un día serían derrotados. A través de la simiente de la mujer, el pueblo de Dios iba a poder morar con Él, en su lugar y bajo su gobierno para siempre una vez más. Nosotros sabemos que esta promesa halla su cumplimiento en Jesús, la simiente de la mujer cuya obra salvífica aplastó la cabeza de la serpiente. Dios se mantuvo fiel a su palabra.
Segundo, Génesis 12:1-3. El texto dice: “Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra”. Nosotros sabemos que esta promesa halla su cumplimiento en Jesús, el descendiente de Abram por el que todas las naciones de la tierra son bendecidas al responder positivamente a su evangelio. Dios se mantuvo fiel a su palabra.
Tercero, 2 de Samuel 7:12-13. Hablando a través del profeta Natán a David, Jehová dice lo siguiente: “Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. Él edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino”. Nosotros sabemos que esta promesa halla su cumplimiento en Jesús, el verdadero rey Davídico cuyo reino será consumado en los nuevos cielos y nueva tierra para eternidad con todos los redimidos. Dios se mantuvo fiel a su palabra y se mantendrá fiel a esta palabra. En Jesús todas las promesas de Dios son sí y amén.
Idea Central de la Predicación
Nuestra salvación en toda su plenitud se debe porque Dios se mantuvo fiel a su palabra. En la persona de Jesucristo, todas sus promesas hallan su cumplimiento. Como seguidores de Jesucristo, que nosotros seamos personas íntegras y honestas con nuestras palabras para andar de manera agradable con nuestro Dios. Como seguidores de Jesucristo, que nosotros seamos personas íntegras y honestas con nuestras palabras para andar de manera agradable con nuestro Dios. Que tengamos una reputación de integridad y honestidad en nuestras palabras entre nuestros familiares, vecinos y compañeros para apuntarles al Dios quien es fiel a su palabra. Y su fidelidad a su palabra se ve claramente en la persona y obra de Jesucristo.
Aplicaciones
Los Creyentes
¿Qué está sucediendo en nuestros corazones cuando no tenemos integridad y honestidad con nuestras palabras? Las respuestas pueden variar. Puede ser el temor al hombre. Mentimos porque no queremos quedarnos mal ante los ojos de alguien cuya admiración deseamos. Puede ser por el amor a un pecado secreto. Mentimos porque queremos seguir escondiendo dicho pecado de los demás. Puede ser por el egoísmo, la idea de que lo que es más importante para nosotros es nuestra propia conveniencia, no importa el tiempo o las necesidades de los demás. En este caso nuestro “si” fácilmente puede convertirse en un “no” de acuerdo con lo que más nos convenga a nosotros.
Entonces, ¿Qué deberíamos hacer para poder ser personas íntegras y honestas con nuestras palabras? La respuesta no es esforzarnos más en la carne. La respuesta no se encuentra en el supuesto poder de la declaración positiva, diciendo cosas como “jamás voy a mentir, pues siempre diré la verdad”. La respuesta es que deberíamos reflexionar sobre el Dios que nos salvó en Jesús, el Dios que no miente. El mismo Dios quien - en fidelidad a sus promesas - cumplió su palabra al haber enviado su Hijo a la tierra para lograr la redención de su pueblo. Necesitamos meditar diariamente sobre el carácter de Dios, particularmente la integridad de sus palabras y el consuelo que dicha integridad es para nosotros como sus hijos. Consideremos la preciosa verdad en Números 23:19, que dice: “Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará”?
Adicionalmente, necesitamos entender que si estamos en Cristo, entonces tenemos su Espíritu Santo que mora dentro de nosotros. Nosotros ya no somos esclavos del pecado, incluyendo el pecado de la falta de integridad con nuestras palabras. Al reflexionar en las características de Dios descritas arriba, deberíamos orar a Cristo que su Espíritu nos ayude a honrar a Dios con nuestra lengua. Específicamente, deberíamos orar para que podamos hablar con integridad y honestidad, gozosamente ejemplificando el hablar del Dios quien nos salvó en Jesucristo por fidelidad a su palabra. Deberíamos pedir que Dios nos revele los motivos del corazón por los que no decimos la verdad (temor, orgullo). Deberíamos pedir perdón a Él por las veces que no hemos tenido integridad en esa área. Y en el poder del Espíritu deberíamos procurar ser personas íntegras con nuestras palabras, recordando todo el tiempo que el Dios que nos ama y nos salvó es fiel a su palabra.
No Creyentes
Hemos visto en esta predicación que la falta de integridad con nuestras palabras es un pecado. Es un quebrantamiento de la ley de Dios, y una falta de representar a Aquel que no miente nunca. Cada uno de nosotros hemos tenido falta de integridad con nuestras palabras. Cada uno de nosotros somos culpables y enfrentamos el justo juicio de Dios por este pecado y otros. Pero las buenas nuevas son que Cristo vivió una vida de perfecta honestidad por personas que jamás pudieron hacerla. Las buenas nuevas son que Cristo murió en la cruz y pagó la pena por el pecado de las mentiras que decimos. Las buenas nuevas son que Cristo resucitó de la tumba en victoria el tercer día, demostrando que Dios el Padre aceptó su obra en el lugar de una humanidad pecaminosa y mentirosa. Cristo Jesús está dispuesto a perdonar a los mentirosos como tú y como yo en base de su obra en la cruz. Si aún no lo han hecho, ven a Cristo con las manos abiertas. Acuérdate de las palabras de Jesús en Juan 6:37. “Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera”. Por el Espíritu Santo, Jesús te dará un nuevo corazón que ama la verdad. Si aún no has venido a Cristo, ven.
Conclusión
Para toda la iglesia, todas las personas que han puesto su fe en Cristo Jesús, este es nuestro llamado: Como seguidores de Jesucristo, que nosotros seamos personas íntegras y honestas con nuestras palabras para andar de manera agradable con nuestro Dios. Que Dios les bendiga. Amén.
Oración
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